La ville propose à Lucía la preuve de ce que – dans un texte acéré écrit pour cette publication par Antonio Muñoz Molina – l’écrivain espagnol définit comme « l’art accidentel », un art qui naît spontanément, sans que personne ne l’ait consciemment proposé ; une manifestation d’une beauté inattendue, parfois secrète, que la photographie capture, enregistre et s’approprie.
Muñoz Molina poursuit dans son texte (intitulé Quelqu’un qui se promène) : « Lorsque Lucía parcourt la ville et choisit comme sujet d’une photo une affiche déchirée, bien plus belle précisément à cause de sa déchirure, elle revient à une tradition qui remonte plus loin que Walker Evans, et qui trouve son origine dans Baudelaire plutôt que dans Nadar.
Dans le cas de Lucía Mara, cette généalogie fait une pause soudaine car sa façon d’utiliser la couleur est proche de la peinture, et ces rouges nous rappellent William Eggleston et aussi Alex Katz. (…) Lucia, comme c’est typique de sa guilde, aime se déplacer avec la liberté de l’anonymat, ce qui lui permet d’observer le monde tout en minimisant sa propre présence, comme ce prince incognito dont parle Baudelaire. -traduit de www.zibilia.com (extrait)
La muestra de Lucía Mara consiste en fotografías y fotograbados realizados en el curso de los últimos cinco años, durante los cuales la artista estudió y trabajó en diversas ciudades de los Estados Unidos y Europa. Un libro editado para esta ocasión recoge las imágenes registradas en el asiduo recorrido de la fotógrafa por la ciudad que es, en esencia, su tema y su objetivo.
La ciudad le propone a Lucía la evidencia de lo que –en un agudo texto escrito para esta publicación por Antonio Muñoz Molina- el escritor español define como “arte accidental”, un arte que nace espontáneamente, sin que nadie se lo haya propuesto conscientemente; una manifestación de belleza inesperada, a veces secreta, que la fotografía capta, registra y hace suya.
Muñoz Molina prosigue en su texto (titulado Alguien que anda por ahí): “Cuando Lucía va por la ciudad y elige como motivo de una foto un cartel desgarrado, mucho más bello precisamente por su desgarrón, está remontándose a una tradición que viene de más atrás que Walker Evans, y que tiene su origen en Baudelaire más que en Nadar.
En el caso de Lucía Mara, esta genealogía toma un quiebro repentino porque su manera de usar el color se acerca a la pintura, y entonces esos rojos nos hacen acordarnos de William Eggleston y también de Alex Katz. (…) Lucía, como es propio de su gremio, disfruta de ir por ahí con la libertad del anonimato, que es lo que le permite observar el mundo reduciendo al mínimo su propia presencia, como ese príncipe de incógnito del que habla Baudelaire. -www.zibilia.com










